Te paras otra vez. Sueltas una frase que lleva más de rayos y truenos que de palabras. Porque todo te pasa a ti. Y ya estás harta.
No te voy a poner ejemplos, porque ya estás pensando en uno, en ese problema que te lleva rondando días y no te lo quitas de encima. O que ya no te acordabas y ha vuelto. Y ¿qué haces? Te enfadas. La rabia te come. Disparas alrededor, porque alguien tiene que hacerse responsable de eso. Porque repito, ya estás harta.
Para un momento.
¿Cuándo fue la última vez que miraste a tu alrededor? No que viste, no. Que miraste. Conscientemente. ¿Sabes por lo que está pasando la mujer que te acabas de cruzar en la calle? ¿Tienes idea de las batallas que libra el chico que está mirando el móvil con su capucha en el bus? Y esa niña que tienes delante, que agarra la mano de su madre en la cola de caja del súper, ¿tiene alguna nube gris en la cabeza?
Y no, no voy a decirte que todo el mundo tiene problemas, y que eso debería bastarte. No. Porque no basta. Y porque no es mi objetivo. Pero sí. Todo el mundo tiene problemas.
Lo que marca la diferencia es cómo cada uno se enfrenta a ellos.
Empezando por el nombre. Problema. Vamos a cambiar el nombre. Sabes como dicen en inglés “tengo un problema”? I have a situation. A situation. Una situación (o circunstancia). No te parece más fácil buscar la solución a una situación que a un problema? La palabra situación entra en nuestra mente como algo transitorio. El problema es un ente abstracto lleno de connotaciones negativas ya desde las matemáticas de 1º. Es algo que resolver, y si no sabes cómo, empieza el bloqueo. Una situación es algo que debes transitar para buscar un camino o salida. El modo como nos referimos a las cosas, como hablamos de ellas, condiciona en extremo como nos afectan. Así que vamos a cuidar nuestras palabras.
Te voy a hacer una pregunta. ¿Eres de las personas que ve el vaso medio lleno o medio vacío? Te lo pondré más fácil. Cuando algo te sale mal, ¿tu día se estropea? A menudo hablo con personas que me sueltan “hoy no es mi día”, “esta no es mi semana”, “vaya m** de día”… ¿Te inscribes aquí?
Te voy a contar algo, por si te sirve. El día tiene 24h, 7-8 de las cuales te las pasas durmiendo (en el mejor de los casos). Con eso te quedan 16h (como mínimo, porque si duermes 5h te quedan 19h) para V I V I R. Tu situación ha sucedido a las 16:25h. Entonces haces la gran afirmación: “de verdad, que m** de día”. Y ahí acabas de firmar tu sentencia. ¿Cuántas horas llevabas vividas hoy, antes de aparecer la situación? Como mínimo 8h. Y no hablo de las que aun te quedan. ¿De verdad un problema, situación, circunstancia a las 16:25h gira tu día de esta forma? El resto del día ha pasado sin que te des cuenta, hasta que ha llegado tu problema.
¿Por qué permites presencia plena en un problema y no permites presencia plena las 8h anteriores? ¿Cómo crees que queda la balanza de tu día, entonces?
Ojo que no he quitado valor a tu situación en ningún momento. Pero ya van 2 cosas que probablemente te hacen verlo más grande de lo que es. O por ser más justas, más difícil de resolver.
Dime ahora: ¿vas a resolver tu problema? o ¿vas a transitar tu situación?