¿Por qué me hace esto?
No le he hecho nada.
No me merezco que me trate así
¿Cuándo fue la última vez que dijiste alguna de estas frases? Probablemente la última vez que alguien, cercano o no, te hirió. Porque duele, y porque necesitas saber de dónde sale este ataque hacia ti.
¿Qué haces entonces? Hablarlo y hablarlo con la persona que te ha herido para buscar el motivo; o quizás lo que haces es encerrarte en ti y buscar mentalmente todas las explicaciones posibles.
Y entre tantas explicaciones, estoy segura de que la mitad de las razones que se te ocurren o que hablas con esa persona, te atribuyen la responsabilidad. A ti. «¿Habré hecho algo mal?» «¿Habrá algo en mí que no le gusta?» «¡Ah espera!… me acuerdo del otro día que pasó algo y puso mala cara…» «Hace unos días hablé con un amigo suyo… ¿se habrá tomado mal lo que dije?
Y ya lo tenemos: herida de alguien + culpabilidad.
Pero espera, que tengo el tercer ingrediente para la mezcla.
Te quedas ahí, en esta herida, replanteándote la comunicación de los últimos meses con esta persona, culpabilizándote y sintiéndote mal por lo que te ha dicho. Y baja tu energía. Porque no estás bien. Porque te afecta. Porque no lo mereces.
¿Has adivinado ya por dónde voy? El victimismo sazonando la mezcla. El charco ideal para estancarte. La retroalimentación que mantiene tu energía en un punto bajo y te condiciona para hacer el resto de cosas de tu agenda.
Cómo las heridas emocionales del pasado condicionan tu reacción de hoy
El problema no es que te hayan herido. El problema es que te has convertido en la investigadora de tu propia culpa (además inexistente). Ahí está el bucle: no estás buscando entender qué pasó (que también), sino que buscas demostrar que algo falla en ti.
¿Y si lo que tanto te duele no tiene tanto que ver con lo que ha pasado hoy, sino con algo que ya estaba herido antes?
Si al leer esto has sentido que hay algo tuyo que llevas tiempo sin mirar, puedo acompañarte. Reserva aquí una primera sesión.