Ya sabes que yo soy así.
Esto lo tengo de mi madre.
Siempre me ha pasado, cuando estoy nerviosa lo hago.
¿Te suena? ¿Cuál es tu frase?
¡Qué gran poder otorgamos a la genética! Qué poco conocemos al ser humano, que nos consideramos seres estáticos, inmutables. Pero sólo cuando nos interesa, ¿cierto?
¿Cuándo, según tus creencias, dejamos de poder cambiar? ¿Cuándo decidiste que estabas por encima ya de todos los aprendizajes del mundo?
Ah no, ahí no. Me he pasado. Siempre hay cosas que podemos aprender, claro.
¡Ah! Pero es que es aquí, justo aquí es donde tu mente te la está jugando. ¿Eres así o no eres así? Y este soy así ¿es realmente inamovible? ¿O es que puedo aprender inglés y yoga, y cambiar en mi mente y mi cuerpo lo necesario para estos aprendizajes, pero no puedo cambiar lo que SOY?
¿Te das cuenta?
Nos engañamos por comodidad, porque cambiar algo que nos es cómodo es limar el ego. ¿Cómo vas a explicar a tu entorno que estás aprendiendo a conocerte, a hablarte bonito, a permitirte espacios de silencio para apagar el ruido externo y así poder trabajar en tu mente?
Que aprendes inglés lo explicas fácil. Hasta te pondrán una medalla. Que aprendes de ti, que trabajas en ti, eso no se explica igual. Ni se entiende igual.
¿Cómo vas a explicar que ya no eres así? Con la de veces que usaste el escudo…
Te voy a contar un secreto: trabajar en ti es para ti, no es para el público. Y cuando sueltes esto, dejarás que tu ego suelte también. Es un proceso tuyo, y es posible que en el camino conozcas a una persona nueva en ti. Date el tiempo y el permiso. Abraza todas las versiones de ti que puedas llegar a conocer.